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Las palabras que usamos

Por: Vanesa Coronel.

Los seres humanos somos seres lingüísticos.

El lenguaje nace de la interacción social entre los mismos. En consecuencia, el lenguaje es un fenómeno social, no biológico.

La forma en que damos un sentido a nuestras vidas, es obviamente lingüística. Basta preguntarle a alguien « ¿quién eres?», para reconocer que lo que obtenemos de vuelta es un relato, una historia en la que «relatamos» quiénes somos. Nuestra identidad está directamente asociada a nuestra capacidad de generar sentido a través de nuestros relatos.

Al modificar el relato de quiénes somos, modificamos nuestra identidad.

Pero el punto es precisamente que el individuo no puede ser separado de su relato. Ese relato es constitutivo de lo que el individuo es, ya que es, en los relatos que hacemos de nosotros y de otros, donde generamos lo que somos. La gente con diferentes relatos sobre ellos mismos son diferentes individuos, aunque puedan haber pasado por experiencias muy similares.

Somos el relato que nosotros y los demás contamos de nosotros mismos.

Al modificar ese relato, modificamos lo que somos.

Las palabras que usamos nos definen, nos dibujan, nos materializan, nos liberan, nos esclavizan, nos hacen bien, nos lastiman, nos abren puertas, nos cierran posibilidades.

Sabiendo esta condición que tenemos como seres lingüísticos, podemos y debemos ser responsables con respecto a cómo utilizamos el lenguaje: qué mensajes damos, que cosas (nos) decimos, cuales omitimos de nuestros dichos, para qué lo hacemos, con qué frecuencia, y lo más importante, a mi criterio, es: cuán conscientes somos del uso que hacemos del lenguaje en nuestra vida.

Quiero ofrecerte un ejercicio para que puedas evaluar cuál es tu nivel de consciencia con respecto a cómo utilizas el lenguaje y qué resultados estás obteniendo de acuerdo a ese desempeño:

  • ¿Qué estás pensando en este momento? Lo que pensás, ¿es positivo o negativo? ¿Querés que eso que estás pensando construya tu futuro?
  • Si la respuesta fue “mensajes negativos”, te invito a que tomes papel y lápiz, y los identifiques: Creo que... bla bla bla. (Reconocerlos es un primer Gran Paso, dale rienda suelta a tu mano: te recomiendo hacer esto a solas y en un momento del día en el que estés más relajado).
  • Evaluación: De estos mensajes, ¿Cuántos se refieren a vos mismo/a?; ¿cuántos a los demás? ¿Cuántos al mundo exterior?
  • Responsabilidad: Toma los pensamientos referidos a vos y pasálos por este tamiz: ¿Es verdad?, ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza? (frecuencia, tiempo); ¿Cómo reaccionas, que sucede cuando crees en ese pensamiento?; ¿Quién serías sin ese pensamiento?; Invierte es pensamiento: crea una nueva creencia que se oponga a tu pensamiento original: escribilos en otra hoja.
  • Acción: ¿qué acciones están disponibles para crear tus nuevas creencias? Es decir, ¿qué cosas podes empezar a hacer YA, AHORA, para acercarte más a la nueva creencia? EJEMPLO: “Soy gritona”, cambio a: “Hablo calmadamente”; Acción posible: Respirar antes de hablar, hacerme consciente de mi meta y modular mi voz; acercarme más a la persona a la cual deseo dirigirme para evitar levantar la voz; etcétera.

Ojalá no temas tomar las riendas de tu lenguaje…es tu pasaporte a un mayor bienestar y una elevadísima probabilidad de mejorar tus relaciones intra e interpersonales.

Gracias por leerme,

¡Buen viaje!

 

Fuente: Radael Echeverría, Ontología del Lenguaje, Sexta Edición: septiembre de 2003, Lom Ediciones S.A.

 

  • Vanesa Coronel
    Lic. en Comunicación Social
    Coach Ontológico Profesional
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