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¿Cuáles son los límites?

Por: Vanesa Coronel.

Comencemos con un cuento: una mañana una pequeña abertura apareció en un capullo de mariposa. Un hombre se sentó y observó por varias horas como la mariposa se esforzaba por pasar por el pequeño agujero. En un momento, al hombre le pareció que la mariposa ya no podía más y decidió ayudarla. Entonces, tomo una tijera y cortó el resto del capullo y así la mariposa pudo salir, pero el cuerpito estaba como atrofiado y tenia las alitas aplastadas. El hombre la miraba con la esperanza de que extendiera sus alas, sin embargo ella nunca fue capaz de volar. El hombre, que lo había hecho por su bien (entre comillas), no entendió que el capullo apretado era un estimulo para que, en el esfuerzo, la mariposa se desarrollara, porque pasar por esa pequeña apertura hace que el fluido del cuerpo de la mariposa llegue a sus alas para poder volar. Es imprescindible, que ella se esfuerce por salir. Algunas veces el esfuerzo es justamente lo que precisamos en nuestra vida.

Te traigo este cuento, para reflexionar acerca de ayudar a otros, y cuando ese hacer el bien, no lo es tanto...

Todos en algún momento hemos pasado por vernos en la situación de tener que ayudar a alguien o incluso de ofrecernos de forma desinteresada; por supuesto, que además de solidario es humano y totalmente comprensible y de buena gente hacerlo, pero ¿hay un límite?

Llegados al punto en que estamos cansados de que recurran a nosotros como salida, es importante poner límites, ya no solo por nuestro bienestar emocional entre otras cosas, sino también porque la realidad es que a esa otra persona a la larga y luego de acceder a sus peticiones decenas de veces le estaremos haciendo un mal, ya que sin querer estaremos impidiendo que sea capaz de sacar su fortaleza, y creatividad para resolver las circunstancias, y en resumen que con nuestra actitud estamos contribuyendo a que cada vez que pide un favor entregue su poder a otro, lo que para él mismo se traduce como “Yo no puedo”, “Siempre necesito ayuda”, etc.

Una buena forma de diferenciar un pedido de ayuda relevante y uno que no lo es, sería evaluando el nivel de necesidad o urgencia que tiene quien lo demanda. Otro punto a considerar también es reconocer si es la primera vez que acude a nosotros por este motivo, o si lo ha hecho en reiteradas ocasiones; a esto último hay que ponerle un freno, cuando es recurrente es que hay algo que esa persona no ha aprendido y si continuas ayudándole, estás evitando que lo haga.

Nunca falta quien aún en estos tiempos, vive con el concepto equivocado y te tilda de egoísta por enfocarte primero en tus propias necesidades. Pero, si no lo haces ¿cómo vas a poder estar en condiciones de cubrir las necesidades de alguien más? Dar de lo que no tenés suficiente te va a crear problemas, te hará resentido con el otro y lo peor es que te vas a enojar con vos mismo por no decir que NO.

Ayudar a quienes realmente no pueden valerse por sí mismos ante una situación está muy bien, pero echar una mano a quien es totalmente capaz de hacerlo por sus propios medios es animarlo a que eluda sus propias responsabilidades y se vuelva dependiente.

Reflexiona acerca de esto ¿Cuántas veces te metiste en problemas o saliste perjudicado por ayudar a otros? Cuidado, porque de ser así estás anteponiendo el bienestar de los demás al tuyo.

En definitiva, cada vez que alguien te pida ayuda, antes de decir ¡Si! Para no quedar mal, tomate un tiempo para evaluar todos los puntos arriba desarrollados y estarás actuando de acuerdo a tus principios, sin fallarle al otro.

Gracias por leerme.

  • Vanesa Coronel
    en Comunicación Social
    Coach Ontológico Profesional
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