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El escuchar al otro, al respetarlo y legitimar su experiencia, es lo que nos permite interactuar y generar nuevas posibilidades

Por: Vanesa Coronel.

Después de la supervivencia física, una de las necesidades del hombre es ser comprendido, valorado, querido y podemos satisfacer esa necesidad (o parte de ella) comprendiendo al otro.

Las condiciones en las que vivimos hoy (rapidez, tecnología, invasión publicitaria, egoísmo desmesurado) dificultan largamente la comunicación en sí misma, y por sobre todo la escucha empática, activa y efectiva.

Es verdad que disfrutamos mucho de las reuniones de amigos, colegas, compañeros, etcétera, pero a la vista está que, en general, no nos sentimos ni escuchados, ni comprendidos.

Y no digo que sea tarea fácil escuchar, ya que viéndolo, como ejemplo, en el dominio doméstico, uno viene de todo un día de actividades que consumen nuestra energía, y llega a su casa en busca de paz, y muchas veces lo que menos queremos es escuchar hablar a nadie, más que al de la tele que nos distrae gratamente.

Por eso insisto, la tarea de escuchar, realmente necesita mucha práctica para transformarla en una habilidad.

Por medio de la escucha activa se comprende lo que la otra persona está diciendo como lo que intenta expresar.

Es escuchar y comprender sin exponer nuestros criterios como tampoco nuestros sentimientos. La escucha activa es estar abierto psicológicamente para comprender al emisor.

¿Y qué acciones podemos emprender si nos interesa ser buenos escuchas?

Eugene Gendlin habla de un escuchar absoluto. Escuchar a otra persona sin poner nada tuyo, simplemente indicándole si lo sigues o no en lo que te cuenta. Vas repitiendo los puntos de la otra persona, según los entiendes, o simplemente le indicas con sinceridad cuando te pierdes: “¡quieres repetirme eso, que me perdí!”

Gendlin da 4 indicaciones muy prácticas:

  1. Para demostrar que has escuchado, forma 1 o 2 oraciones con el significado de lo que la persona quería transmitirte.
  2. Con tus propias palabras, pero conservando las palabras de la persona en los puntos delicados
  3. Cuando la persona se complica y se enreda, retoma 1 o 2 expresiones sobre lo que crees que es el núcleo de la comunicación, y deja que la persona lo corrija o añada. Repite lo que ellos han cambiado y añadido hasta que lo entiendas justo como ella, y sólo entonces forma tu oración para decir lo que significa lo expresado.
  4. Cuando pidas aclaración, hazlo utilizando los aspectos que han quedado claros. ¡No le digas nunca: no he entendido nada! Habla solamente para decir que entiendes al repetir lo dicho, o para pedir repetición o clarificación.

Estos simples pasos, nos permiten acercarnos al otro mucho más que si solo nos mantenemos callados.

Además es importante tener en cuenta el tono emocional y la actitud corporal, ese combo nos da valiosísima información para comprender profundamente el mensaje que intenta transmitirnos quien nos habla.

Personalmente, escuchar me ha dado grandes satisfacciones, sobre todo porque podemos des-cubrir un nuevo otro.

¡Gracias por leerme!

 

  • Vanesa Coronel
    en Comunicación Social
    Coach Ontológico Profesional
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